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2 de Marzo, 2008

La próxima vez habla menos y pon una foto más grande

Por RBA - 2 de Marzo, 2008, 11:07, Categoría: General

Ayer sábado llevé a la familia a ver ni más ni menos que Disney on Ice, Princess Wishes. "Disney on Ice" viene funcionando desde hace mucho tiempo, aunque este montaje (Princess Wishes) es relativamente nuevo. Por si no se nota, en casa, aparte de mi persona, hay tres crías: una de dos años, otra de cinco y otra con la que me casé hace 10 años :-)

Por supuesto, me considero una autoridad en temas de princesitas Disney (es lo que toca), y el evento no es sino uno más de tantos. Para el que estas cosas no le disgusten, está bastante bien, con un buen repaso a varias de las películas y caracteres esperados: Aladino y Jasmine, Blancanieves, La Bella y la Bestia, La Sirenita Ariel, La Bella Durmiente , Mulan y Cenicienta. Al final, cuando aparecen todas las princesas, mi hija de 5 años estaba pegando unos botes de alegría en la silla que no sé cómo no la rompió. ¡Qué animal! Pero oye, con eso sobra para saber que mereció la pena.

Y bueno, aunque si por mí fuese, habría preferido ir a un concierto de Aerosmith, no se puede negar que la Sirenita está como un tren :-)

Lo que quería era aprovechar para, una vez más, quitarme el sombrero ante el Imperio Disney, que desde finales de los 80, ha despegado de una manera impresionante. Aunque la empresa es duramente criticada por sus políticas de copyright, no se puede negar que Walt Disney es un personaje del que se puede aprender, y mucho.

Yo no me canso de maravillarme de ver cómo una película como Blancanieves, creada en 1937, se esté vendiendo hoy como churros (solo en este momento docenas de críos la están viendo) y que el vestido de su protagonista sea uno de los disfraces más vendidos en el 2007, 70 años más tarde (y posiblemente el año anterior y éste mismo, y el siguiente). Estamos ante una maestría del marketing y merchandising de la que ni el mismo George Lucas puede presumir. Cierto que estos éxitos de hoy no son producidos directamente por el hombre que inició este imperio, y Disney ha tenido algunos momentos poco afortunados a lo largo de toda su historia, pero los genios que consiguen crear algo tan capaz de perdurar tantos años después, desde luego no abundan.

Una - de tantas - anécdota curiosa de Walt Disney (que ostenta el récord en número de Oscars ganados: 26) es la estrategia que siguió para obtener los terrenos donde hoy está Disney World.

Walt era ya un multimillonario archiconocido, y el parque de Disneyland en Anaheim (California, cerca de Los Angeles) llevaba ya varios años funcionando. Walt quería construir otro parque, mucho más grande y ambicioso al otro lado de los EEUU en Florida. El problema que tenía es que cuando por fín dió con los terrenos adecuados (perfectos según sus palabras), dichos terrenos pertenecían a múltiples propietarios diferentes. Dichos terrenos no eran muy costosos, ya que estaban bastante retirados de áreas comerciales o residenciales (una de las cosas que Walt buscaba con ansiedad: distanciamiento de dichas áreas) y eran casi semipantanosos. En situaciones normales (y que venga Disney a comprarte los terrenitos para montar un macro parque de atracciones, no tiene nada de normal) los propietarios estarían casi contentos de poder deshacerse de esos terrenos.

Walt sin embargo sabía que si negociaba la compra de cada terreno uno por uno, en el primer intento saltaría la alarma de que estaba tramando montar ahí otro parque y el resto de propietarios subirían sus precios desmesuradamente. Incluso si entraba a negociar con todos a la vez, no podría escapar de la especulación y el oportunismo que los propietarios de los terrenos iban a ejercer conociendo al comprador y aventurando sus planes.

Total que lo que hizo Disney fué entrar en negociaciones completamente separadas con cada propietario, y cada negociación fué llevada a cabo por docenas de empresas simuladas, sin implicar de ninguna manera a Disney. Los nombres de algunas de estas empresa simuladas eran curiosos: Retlaw (al revés se lee Walter), o MT Lott (que en inglés suena a "empty lot" o "parcela vacía")

Al gestionarlo de esta manera, Walt pudo adquirir todos los terrenos que necesitaba a precio de mecado, y la construcción de Disney World empezó. Para esbozar esta estrategia no hace falta ser un genio, pero afinar los detalles, preservar la confidencialidad, mantenerse en la legalidad, ejecutarla y que te salga redonda (consideremos que estamos hablando de docenas de negociaciones, compras, ajustes, permisos, etc), eso sí es genial.

Walt, por cierto, nunca llegaría a ver Disney World terminado.

En fín, disculpad el ladrillo pero es una historia curiosa y que quería contar desde hace tiempo, y el evento al que fuimos ayer ha venido al pelo para introducirla :-)

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